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Variedades de vino español que deberías conocer

Más allá del Tempranillo y el Albariño, España cultiva más de 100 variedades autóctonas. Mencía, Bobal, Godello y Treixadura, entre otras.

En España, variedades como Tempranillo, Garnacha, Macabeo (Viura en Rioja), Albariño y Verdejo acaparan siempre la atención, pero basta con ir un poco más allá para descubrir que nuestro país tiene mucho más que ofrecer. 

De hecho, España cuenta con más de 100 variedades autóctonas y no se limita solo a tintos jugosos y afrutados o blancos frescos y cítricos. Aquí tienes un recorrido más profundo por uvas españolas que merece la pena conocer.

Mencía. El genio silencioso del noroeste

En el Bierzo y la Ribeira Sacra, donde los viñedos se aferran a laderas empinadas, la Mencía se desarrolla con soltura. Ligera en boca pero compleja en matices, es uno de los tintos españoles que está ganando protagonismo, con notas de frutos rojos, grafito, hierbas y un toque de carácter silvestre. 

La Mencía da lugar a una amplia variedad de estilos, desde vinos fáciles de beber hasta propuestas más serias como los Ultreia Saint Jacques, Luna Beberide Finca La Cuesta o el Verónica Ortega Quite.

Bobal. El corazón rústico del este de España

No es habitual encontrar Bobal en cartas de vino fuera de España, pero merece atención. Durante años considerada una uva de producción, hoy es la protagonista de una discreta revolución de calidad. 

Procedente de Utiel-Requena, ofrece vinos jugosos, de color intenso, con fruta negra y especias. Piensa en ella como una prima de la Zinfandel española, aunque mucho más interesante. Prueba Sericis, Respeto o el Bobal Blanco de Vicente Gandía, elaborado a partir de uvas Bobal tintas.

Graciano. El mejor actor secundario de Rioja, ahora en primer plano

La uva Graciano es la que muchos elaboradores de Rioja utilizan para aportar estructura, perfume y capacidad de guarda a sus vinos. En solitario, aunque es difícil de cultivar, resulta notable, con acidez viva, fruta azul, violetas y un final largo y profundo. 

Podría compararse con la Petit Verdot, pero con un aire más actual, como demuestran ejemplos como Viña Zorzal, García Georgieva Finca Guijarrales o Marqués de Griñón.

Godello. Calidad sin alardes

La Godello no busca impresionar, pero lo consigue. Presente en Valdeorras y Monterrei, es una variedad estructurada y con textura, marcada por fruta de hueso y cítricos, a veces con un perfil herbal. 

Puede resultar muy expresiva sin madera o más untuosa, especiada y compleja cuando envejece en barrica. Buenas referencias son Ultreia, Verónica Ortega La Llorona y Emilio Moro La Revelía.

Treixadura. Mucho más que una uva para mezclar

En Ribeiro, junto a la conocida Rías Baixas, se encuentra la Treixadura. A menudo es la base de coupages, pero en solitario muestra un perfil floral y herbal, con volumen y una elegancia discreta. 

Si crees que los blancos españoles se limitan a la acidez cítrica, esta variedad puede cambiar tu percepción. Prueba Dominio do Bibei Lalume, Lulo o Terra do Castelo.

Tempranillo Blanco. Sí existe, y es excelente

Descubierto como mutación natural en 1988, el Tempranillo Blanco es una de las sorpresas más recientes de Rioja, reconocible por su tono ligeramente verdoso. Fresco y aromático, ofrece notas de pera, flores blancas y piel de limón, a veces con un matiz tropical de piña. 

Representa la cara más actual de una región muy tradicional. Merece la pena probar La Mateo, Nivarius o Ilurce.

Pese a su larga historia vitivinícola y a la fama de sus regiones y variedades más conocidas, España sigue siendo un país donde se exploran nuevos territorios y estilos. Existen muchas uvas que merece la pena buscar y probar.