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Riesling

La uva riesling recibe el sobrenombre de diva y no por casualidad, es, probablemente, la uva de mayor elegancia y distinción del mundo. Gracias a su buena resistencia al frío ha colonizado el viñedo alemán desde hace siglos y la imagen de viejas cepas de riesling cubriendo las laderas de los ríos en busca de insolación y una sensación algo más atemperada se ha convertido ya en icónica.

En Francia se encuentra mayoritariamente plantada en Alsacia, donde ofrece un carácter más graso y redondo que en Alemania, debido en parte a los suelos arcillo-calcáreos; además el riesling alsaciano tiene más grado y suele criarse durante más tiempo en madera, lo que le confiere un carácter más redondo. Cerca de Alsacia, ya en tierras germanas, la riesling es considerada una transmisora del terruño, una uva capaz como pocas de transmitir el carácter de cada parcela al vino. En general, los riesling alemanes son verticales, de acidez tensa y aromas florales, grandes vinos que evolucionan de maravilla en el tiempo adquiriendo aromas de hidrocarburos y una complejidad fascinante.

También encontramos excelentes Riesling en Italia. Se trata por supuesto de las regiones más al norte del país, donde encontramos una interpretación de la uva riesling diferente a la de Europa Central. Un Riesling que, sin ceder estructura y aromas frutales, se confirma como un ejemplo de elegancia y mineralidad, de carácter y personalidad. ¿Qué terroirs de Italia nos ofrecen estos Riesling? En primer lugar, sin duda el de Oltrepò Pavese, en el sur de Lombardía. Una tierra de grandes tintos y placenteros y perfumados blancos que, en sus zonas más altas y bien expuestas, nos ofrece unos Riesling envolventes, completos y de rica mineralidad. No son de una longevidad extraordinaria, pero sí increíblemente versátiles y se pueden disfrutar desde su primera juventud.

También encontramos grandes Riesling en las Langhe. Nombrada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, esta mítica área también consta de viñedos en altitudes considerables, de donde proceden grandes tintos de Pinot Noir y, por supuesto, también grandes blancos como el Riesling. El de la denominación Alta Langa es un Riesling sorprendente, potente y al mismo tiempo vertical, de una fuerte mineralidad y una longevidad asegurada. Y finalmente, el terroir italiano con una mayor inclinación natural y semejanza al que encontramos en el centro de Europa: Alto Adige. Es aquí donde el Riesling italiano adopta un perfil parecido al de Alsacia y el valle del Mosela. Aquí el Riesling destaca por su verticalidad y frescura, cediendo algo de estructura, pero con evidente mineralidad, con indicios de hidrocarburos y con una cierta longevidad.

Australia es responsable de elaborar, probablemente, los mejores vinos de riesling del Nuevo Mundo. Fueron emigrantes alemanes los que llevaron la uva a Barossa Valley, desde donde se expandió con celeridad hacia zonas algo más frías como Eden Valley o Clare Valley en las que está ofreciendo un mejor desarrollo. Es en esta última región donde el riesling australiano recuerda más al alsaciano y en Eden Valley donde resulta más austero.

En lo que se refiere a los distintos tipos de suelo, la pizarra le aporta toques ahumados, mientras que otras composiciones minerales pueden derivar en tonos acerados, alquitranados o terrosos. Según la madurez de la uva los aromas del vino pueden variar desde los de lima y pedernal hasta los de albaricoques maduros o piñas, siempre con un toque floral y especiado de fondo y una reconfortante sensación de dulzor en su final.

Vino con Riesling