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Nebbiolo

Para un italiano amante del vino, sobre todo si procede del norte, la nebbiolo es mucho más que una variedad. Es un conjunto de recuerdos, de emociones, sugerencias que nos hacen revivir momentos en compañía, mesas compartidas, paisajes, encuentros. Eso sí, una uva nada fácil de cultivar y unos vinos todavía más difíciles de beber, en su juventud. La nebbiolo constituye no solo una espléndida metáfora de la ruralidad, la que la ha protegido de hecho a lo largo de los siglos, sino también, en un sentido más amplio, del carácter y la personalidad del italiano del norte.

La uva de la niebla: de aquí su nombre, probablemente, encontró su primer hogar en Valtellina, en la alta Lombardía, para extenderse luego por los magníficos bosques del norte piamontés, hacia Gattinara, hasta llegar a implantarse a las Langhe. En Valtellina se muestra rústica y con carácter de monte, es sutil y mineral en el alto Piamonte y explota al máximo en complejidad, riqueza y longevidad en las Langhe.

El mérito hay que atribuirlo sin duda a un terruño, Patrimonio de la Humanidad, que se presenta por si solo. Pero también a su propia rebeldía, la que hace que, incluso en las zonas más soleadas y en suelos habitualmente más dados a la producción de tintos potentes, consiga mantener esa estructura amable y ese tanino mordaz tan característicos, léase también rusticidad y nobleza a la par. Una uva de carácter cambiante, infinitamente polifacética, de un patrimonio destinado a los grandes vinos de guarda como pocas en el mundo. La nebbiolo existente en las Langhe desde el siglo XV y, si bien ofrece ante todo grandes vinos de guarda, también los encontramos jóvenes. ¿Vinos con nervio? Por supuesto, y por ese mismo motivo son excepcionales: afrutados, ágiles, enérgicos, con un frescor exuberante y un tanino indómito. Así es el carácter de la nebbiolo de las Langhe: un tipo de vino enérgico pero muy bebible, cuyos excesos juveniles son suavizados por un ligero paso por madera. Pero ahora, tomen esas mismas uvas de nebbiolo, seleccionadas de los mejores viñedos, déjenlas madurar en grandes toneles durante dos, tres, cuatro años... y obtendrán el verdadero orgullo de las Langhe: el real, terso y suntuoso barolo, y el sutil, rústico y emocionante barbaresco. Vinos para conservar en la bodega y disfrutarlos eternamente.

¿Solo en las Langhe? En absoluto. La nebbiolo es la variedad reina en todo el bajo Piamonte y se expresa con mayor versatilidad y diversidad en Roero, al norte del río Tanaro y de Alba, y en la zona de Monferrato, con vinos muy accesibles y enérgicos, pero también interesantes reservas. En el alto Piamonte da lugar a unos vinos incluso más grandiosos opinan algunos que los conseguidos en las Langhe; es en el alto Piamonte donde hoy, mezclada con vespolina y uva rara, constituye la variedad más noble de las denominaciones de Gattinara, Ghemme, Boca, Bramaterra y Lessona, cinco terruños volcánicos, de pórfidos y margas de altura donde los vinos se caracterizan por una sutileza y una elegancia mineral extraordinarias y el mismo potencial de guarda que los producidos en las Langhe. Y en un paisaje ya más de montaña, sorprenden los vinos de nebbiolo de Caremma, en pendientes muy escarpadas, y en Donnas, en el Valle de Aosta, todavía más tersos y armoniosos gracias a la considerable altitud.

Fuera del Piamonte, la nebbiolo es también la protagonista en la denominación de Valtellina, de donde parece que procede la variedad. Los vinos de nebbiolo aquí son más rústicos, auténticos, verdaderos vinos de terruño, con nervio y carácter de vino de montaña, y con un gran potencial de guarda, sobre todo tras una crianza de varios años en grandes botas. Al lado de los producidos en los míticos viñedos de Sassella, Grumello e Inferno, existen también algunos vinos secos elaborados con uvas desecadas, que reciben el nombre de sforzato.

Vino con Nebbiolo