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Blancos italianos, veraniegos por naturaleza

Grandiosos, completos, polifacéticos. ¿Están pensados para los aficionados al mundo del vino los blancos italianos? Sí, pero no solo. Son también extraordinariamente populares. Son vinos veraniegos, para beber sin complejos. He aquí su magia extraordinaria y su grandeza.

Los vinos de variedades autóctonas satisfacen la curiosidad del amante de lo particular, del explorador infatigable de terruños con personalidad, incluso de aquel aficionado culto que sabe apreciar un buen blanco de guarda y mineral. Pero también de aquellos que beben por el puro placer de beber en buena compañía en torno a una barbacoa en el jardín o la terraza, buscando ese frescor saciante y regenerador. He aquí el secreto de las uvas y denominaciones de vino blanco más extraordinarias de este país: en sus versiones más directas e inmediatas, ofrecen una bebida tan auténtica como directa, sin complicaciones.

El mérito lo deben a un territorio rico y diverso, que comprende desde las zonas volcánicas hasta los Alpes, del Mediterráneo a las colinas de toba. Y lo deben también a unas uvas que describen todo este territorio con sincera fidelidad a la vez que revelan un horizonte de sensaciones increíblemente rico. Existen algunos blancos de guarda criados en madera o sobre lías que demuestran la excepcional nobleza de uvas como la verdicchio y la garganega, pero los blancos italianos en conjunto tienen suficientes tablas por si solos para destacar en el mercado.

Hubo una época, cuando se buscaba carnosidad, robustez y vainilla incluso en los vinos blancos, en que en Italia se era poco consciente del potencial de las variedades blancas autóctonas. El estereotipo de los blancos frizzantes y jóvenes ha ido cediendo paso gradualmente a un nuevo estilo, que tiene como protagonistas a los blancos secos, austeros, reflejos de cada terruño. Ahora que los gustos han cambiado, y que se buscan vinos ágiles, fáciles de beber, frescos y minerales, Lugana y Soave están en boca de los bebedores de todo el mundo.

Luego están los blancos tradicionales, ante los cuales hay que prestar atención para no dejarse el bolsillo al comprarlos, si bien hay que admitir que sus precios siguen siendo espectaculares si los contraponemos a la calidad que ofrecen y a la historia que vierten en cada copa.

En definitiva: ¿qué se bebe en Italia? En Italia hay un volcán casi debajo de cada puerta: no siempre dormidos, pero siempre rica la oferta de grandes vinos blancos. Blancos tersos, sutiles, elegantes, con aromas de pedernal, sabrosos y verticales. Los encontramos desde el Véneto, bajo la denominación Soave, hasta el Etna, la joya de la corona de los blancos sicilianos, pasando por los espectaculares vinos de Fiano di Avellino, por ahora, los blancos por excelencia de la región de Campania. ¿Buscan blancos que sepan a mar, yodados y con un dorado bronceado? El problema lo tendrán para elegir entre tanta oferta: tienen desde los vermentinos de Liguria y Cerdeña hasta los verdicchios de Jesi, un campeón como blanco de guarda en las Marcas, con vistas sobre el Adriático.

¿Tienen previsto ir a la montaña este verano? No se apuren: los blancos del Alto Adigio (Tirol del sur) y de las colinas del Friuli harán sus delicias. Son las regiones más propiamente de blancos en Italia y en ellas encontrarán las sensaciones más nobles de hidrocarburos, sílex y frutos secos ya sea en vinos elaborados con uvas autóctonas como con los mejores blancos de uvas internacionales del país.

¡Y no olviden las regiones propiamente de tintos! Dejen a un lado los prejuicios y prueben los blancos de la Toscana o del Piamonte: ¡no tienen nada que envidiar a los barolos y brunellos! Y si no conocen las garnachas de San Gimignano ni los blancos de uva arneis, apresúrense. También para descubrir los emocionantes aperitivos que les aguardan en las Langhe y en el Valle de Orcia.