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Celler la Salada

La Salada es uno de los proyectos más personales y evocadores de la nueva ola de viticultores del Penedès. Toni Carbó se ha inspirado en la tradición para recuperar la esencia...

Vino de Celler la Salada

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Celler la Salada

La Salada es uno de los proyectos más personales y evocadores de la nueva ola de viticultores del Penedès. Toni Carbó se ha inspirado en la tradición para recuperar la esencia de una tierra, consiguiendo que la pureza de un suelo sano y vivo se traslade a la copa. En sus vinos no hay disfraces ni correcciones, simplemente uva de la mejor calidad, llena de energía y tipicidad.  

La bodega

Tradición familiar

El nombre de La Salada rinde homenaje a la casa homónima, lugar en el que nació el bisabuelo de Toni. Con el paso del tiempo, el abuelo y el padre de Toni compraron algunas de las fincas de tierras más pobres, aquellas que se podían permitir, hasta sumar un total de 5 hectáreas, todas ellas en laderas. Todos los antepasados de Toni han sido gente del campo que cultivaba la tierra y producía uva, una parte de la cual vendían y otra vinificaban para consumo propio y de la familia. Desgraciadamente, en los años 90 la actividad bodeguera cesó en la familia y no fue hasta que Toni apostó por recuperar la vieja bodega familiar, allá por 2015, cuando la familia empezó a pensar en embotellar sus propios vinos en casa (anteriormente lo hizo en las instalaciones de Mas Candí).

Toni tenía ya amplia experiencia en la elaboración de vinos, gracias a los más de diez años trabajando, precisamente, en Mas Candí, con sus inseparables Ramón Jané y Mercè Cuscó. Durante aquel tiempo, Toni viajó con frecuencia, especialmente a Francia, y empezó a catar vinos naturales, un estilo que, desde el principio, llamó fuertemente su atención. Aquellos vinos sin sulfuroso, puros y salvajes, le recordaron sus orígenes y lo llevaron a empezar a hacer pruebas en bodega para emular su estilo. Así prendió la llama de La Salada, un proyecto hoy ya consolidado, gracias a la ayuda de Anna Serra, su compañera sentimental.

Territorio y viticultura

Viticultura ecológica y ciclos lunares

La Salada trabaja totalmente en ecológico siguiendo los ritmos lunares, como ya hicieran el padre o el abuelo de Toni; controlando el vigor y el rendimiento de las plantas y labrando la tierra únicamente cuando la climatología así lo impone; “son los topos y los gusanos los que deben oxigenar la tierra”, explica Toni. En La Salada están absolutamente en contra de las prisas en el viñedo, no creen en arrancar las cepas viejas ni en mecanizarlo todo para obtener más kilos. Fincas de las que antaño se habían obtenido hasta 15.000 kilos, dan hoy únicamente 3.000 o 4.000, pero esto permite a Toni y Anna embotellar un fruto de calidad sublime. Toni no registra sus vinos con el sello de la DO porque entiende que su compromiso debe ser con la tierra, no con el papeleo. Para mostrar ese carácter intenso de terruño, trabaja exclusivamente variedades tradicionales como xarel·lo, macabeo, malvasía o sumoll. 

Los vinos

Un catálogo de vinos naturales

Hoy, esta pequeña bodega de El Pla del Penedès, es un referente a nivel mundial entre los amantes del buen vino natural. Su papel en el resurgir de un nuevo Penedès está siendo de una relevancia incuestionable y su trabajo, el espejo en el que muchos se miran. Los vinos de La Salada son puros, frescos y cristalinos; emocionan desde la simpleza y la honestidad, con una energía que fluye con cada sorbo y que nos aproxima a aquellos maravillosos años en los que el vino era considerado un alimento.

Con la variedad sumoll, esquiva y compleja como pocas, elabora su Maçaners, un vino tinto que todo amante del vino debería probar por lo menos una vez en la vida. Las uvas proceden de un viejo viñedo que Toni encontró casi abandonado en Castelladral (Bages) y que recuperó junto a su propietario. Se trata únicamente de una hectárea que da poco más de 1.000 kilos al año, pero sin duda, la calidad de su uva compensa la locura de cultivarla. Maçaners es frescor silvestre, tonos balsámicos, fluidez y vibración, un vino que se clava directamente en los más profundo del alma.

La Bufarrella, por su parte, es un monovarietal de xarel·lo obtenido de una viña vieja de poco más de una hectárea, con un intenso color anaranjado pajizo obtenido tras cuatro o cinco meses de maceración con las pieles. Es un vino de tanicidad fina, fermentado con levaduras autóctonas y embotellado sin añadir sulfuroso ni filtrar, como todos los vinos de La Salada. Cítricos, hierba, flores y un intenso aroma a levaduras lo perfuman. Sal, membrillo y una tersa acidez dibujan su boca. Puede ser un buen vino para adentrarse en el universo La Salada.

L'Ermot, otro de los grandes blancos de Toni, es fácilmente reconocible por el dibujo del pozo de La Salada que luce en su etiqueta. Es vino de macabeo, de una sola viña y prensado directo, un vino de una simpleza tremendamente seductora. Reposa en inox con sus lías hasta que el frío del invierno lo clarifica de manera natural y se embotella en marzo, sin más. Llena la boca de amabilidad y seduce el olfato con hierbas, manzanas y limones.

Sota els Ametllers, el vino más exótico de La Salada, es un monovarietal de malvasía de Sitges del que incluso los niños adoran el aroma. Melocotones, flores de azahar y la ralladura de la piel de un limón engalanan una boca untuosa y muy fresca. Es balsámico y salino, amargo y emocionante desde el primer sorbo, un gran blanco mediterráneo que respeta la esencia de la variedad y viste su acidez natural de amabilidad y ternura.

Finalmente, para los que busquen una copa fluida y ligera, con personalidad y a un precio asequible, La Salada elabora las gamas El Pagès Content y Roig Boig; elaboraciones versátiles que pretenden devolver el vino a las mesas de diario, recuperando aquellas tradiciones que en La Salada y en Vinissimus tanto echamos de menos.

Ubicación y contacto

  • Les Parellades, 08733 El Pla del Penedès