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Valle d'Aosta

Dónde está Valle d'Aosta

El Valle d'Aosta se caracteriza por unos viñedos de poca extensión y unas producciones limitadas. Aquí, una viticultura heroica, practicada in-extremis en laderas escarpadas y de gran altitud, ha sabido sostenerse sobre la tradición milenaria del valle, herencia de monasterios y castillos, y proyectarse más allá de sus confines regionales con una destacada oferta internacional. A su vez, el trabajo de las bodegas cooperativas, digno de admiración y con productos de gran calidad, va dejando paso poco a poco al sabio ingenio de los cada vez más numerosos pequeños productores independientes. El viñedo de la región, típicamente rico en innumerables variedades autóctonas, se mantiene vivo en las laderas del valle medio, arraigado sobre imponentes columnas de piedra blanca, excelentes aliadas para la cepa debido a su fundamental función térmica. El clima, claramente alpino, garantiza a la viña una cubierta de nieve en invierno, una de las mejores exposiciones en verano y las reservas hídricas necesarias: la antesala perfecta para obtener unos vinos de gran finura, verticalidad y con una excepcional complejidad aromática.

El Valle de Aosta cuenta con una única denominación regional pero esta se divide en varias subzonas a lo largo del valle, con viñedos y personalidades claramente diferenciadas. Es también tierra de nebbiolo; de hecho, es a las puertas del Piamonte, que se abren los espectaculares viñedos heroicos del Donnas, un increíble mosaico de estrechas hileras de cepas plantadas sobre escarpadas microparcelas, en perfecta continuidad con las de Carema, ya en territorio piamontés. Una nebbiolo excepcional, con una gran acidez y verticalidad, capaz de soportar larguísimas crianzas.

Sobre el medio valle, una vez dejada la zona de Arnad-Montjovet, conocida por sus vinos de nebbiolo también y por su famosísima manteca de cerdo, se encuentran los viñedos de las localidades de Nus y de Chambave. Nus es un territorio con interesantes uvas autóctonas: la vien de Nus, tinta, es muy apta para vinos jóvenes, envolventes y ligeramente herbáceos, y una deliciosa malvasía encuentra en la pasificación una expresión particularmente atractiva. Chambave, por su lado, una de las zonas más productivas de la región, ofrece los vinos dulces más espectaculares del Valle de Aosta: vinos passito de moscatel blanco ricos en notas balsámicas y vegetales, tensos en boca, envolventes y con un fondo almendrado.

La zona de Torrette es la más cercana a la capital y una de las históricas de la viticultura de la región. La variedad más representativa en ella es la petit rouge, cubriendo como mínimo el 70% de la superficie. La encontramos vinificada como monovarietal, sobre todo en la categoría Superiore, pero también mezclada con aportes de otras uvas autóctonas o internacionales, como la syrah. Vivos, perfumados y con buen cuerpo, sus vinos desarrollan un carácter envolvente, seductor y equilibrado por un persistente fondo almendrado sumamente aromático, que obtiene tras un período de crianza que puede durar incluso hasta diez años.

Tras la última gran área de predominio de la petit rouge, es decir, la zona del Enfer d'Arvier, y subiendo hacia el monte, se encuentra la última subzona de la denominación y la que está situada a mayor altitud de Europa. Se trata de Blanc de Morgex et de La Salle. Aquí nace la prié blanc, de cepas muchas de ellas todavía prefiloxéricas y la mayoría, plantadas a una altitud superior a los 1000 metros sobre unas terrazas maravillosamente expuestas a un clima muy seco. Es una uva de apariencia ruda, resistente a las condiciones extremas, que ofrece unos vinos blancos con una verticalidad contundente, una acidez elevada y un cuerpo evanescente, vinos intelectuales, con elegantes notas de cedro y vegetales, y que está siendo redescubierta también, con resultados excelentes, como base para la elaboración de espumosos de método clásico, así como para elaborar algunos de los escasos vinos de hielo de Italia.

La DOC Valle d'Aosta recoge un patrimonio ampelográfico inestimable, cuyas características arqueológicas no habían sido descubiertas hasta hace poco. Son algunos de sus protagonistas las uvas tintas fumin, mayolet, vuillermin, cornalin y prëmetta, variedades que, tras largos períodos de reposo en botella, demuestran una versatilidad extraordinaria: tintos accesibles en su juventud, pero también capaces de emocionar transcurridos incluso varios años desde la vendimia, especialmente en compañía de los exigentes platos de la cocina regional, como la raclette, los platos de caza o sus quesos. Entre las variedades autóctonas blancas cabe destacar la petite arvine, una uva que regala unos vinos espectaculares por su fragancia de flores y vegetales y su equilibrio entre acidez y redondez de cuerpo.

Con todo, también las variedades internacionales forman parte hoy de la elegante y sofisticada enología del Valle de Aosta. Pinot noir y gamay, por ejemplo, han encontrado en este valle un hábitat ideal, ofreciendo algunos de las mejores versiones italianas. Sin olvidar, entre los blancos, los de pinot gris y los de chardonnay, con expresiones criadas en madera que representan algunos de los mejores ejemplos de esta categoría de toda Italia.

Vino de Valle d'Aosta

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