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Sicus Celler

Sicus Celler

Los vinos de Sicus son pureza y frescor. Nacen de la tierra y se crían en la tierra, en tinajas de barro enterradas en el mismo viñedo en el que crecieron las uvas. Ni las variedades ni...

Vino de Sicus Celler

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Sicus Celler

Los vinos de Sicus son pureza y frescor. Nacen de la tierra y se crían en la tierra, en tinajas de barro enterradas en el mismo viñedo en el que crecieron las uvas. Ni las variedades ni las fincas se mezclan pues, para Eduard Pié, en la sencillez reside la verdadera esencia del vino.

La bodega

Sicus es el proyecto personal de Eduard Pié. Eduard era un chico como muchos otros, lleno de inquietudes y con un potencial enorme que no conseguía encauzar. Fue descubrir su pasión por el viñedo, la agricultura y la naturaleza en general, y la situación dio un vuelco. En las tierras de Sicus ya se había cultivado la viña en el pasado. Después llegarían los melocotones y la huerta, para dejar paso nuevamente a la uva. El padre y el abuelo de Eduard plantaron cepas allá por 1996 y empezaron a llevar la vendimia a la cooperativa para la elaboración de vino a granel. Tras acumular gran cantidad de conocimientos en su etapa en la bodega Jané Ventura, Edu volvió a casa con ansias de revolución y, en 2009, elaboró su primer vino embotellado, el Cru Marí, un espumoso de xarel·lo. Un año después, todas sus energías se centraron en su proyecto personal y empezó con la elaboración de vinos tranquilos.

Los inicios fueron duros y lentos, pues Eduard apostó por no comprar uva. Empezó a buscar viejos viñedos abandonados para arrendarlos o adquirirlos en propiedad. Los reconvirtió a la agricultura ecológica y empezó a cuidar cada cepa como si de un hijo se tratara. Con tanto mimo como exigencia, las observó y aprendió de ellas para interpretarlas con el máximo respeto, buscando la pureza de sus frutos.

A día de hoy, Edu sigue ocupándose de prácticamente todo en Sicus, desde la bodega al despacho, aunque su verdadera obsesión sigue siendo el viñedo.

Territorio y viticultura

En el Penedès, al amparo del Massís de Bonastre

Sicus Terrers Mediterranis se encuentra en un bello y recóndito paraje del Penedès tarraconense, al amparo del Massís de Bonastre. Allí, las condiciones para el cultivo de la vid son excepcionales. La salinidad de un mar que se encuentra a tan sólo 5 kilómetros se mezcla con los aromas y el frescor del monte dibujando un paisaje repleto de energía al que Edu Pié no pudo resistirse.

Eduard apuesta por no labrar y por promover la máxima biodiversidad, por aprender de sus antepasados y por limitar los tratamientos, algo que consigue con la aplicación de productos naturales como el suero de leche y la cola de caballo. La roca calcárea en el subsuelo y la mano de Eduard hacen que las cepas de Sicus produzcan uva de una concentración envidiable. En bodega, se limita a acompañar al vino, interviniendo lo mínimo posible. 

Elaboración

Su discurso es personal e innegociable. Para Edu, la acidez es clave en el vino y sin ella, los vinos se tornan planos y se marchitan. La tierra es también crucial, tanto, que apuesta por fermentar y criar sus mejores vinos en grandes tinajas de barro enterradas en medio del viñedo que dio los frutos para su elaboración. Las ánforas tienen un impacto menor sobre el vino que la madera y su porosidad permite una microoxigenación que otros materiales de gran neutralidad aromática como el vidrio no permiten.

De todo ello se obtienen unos vinos ágiles y tensos, minerales y muy particulares, rebosantes de luz y elaborados siempre con variedades tradicionales de la zona, sin duda, la mejor manera de transmitir con cada añada la más pura sensibilidad mediterránea.

Los vinos

Los vinos de Edu Pié pertenecen a esa nueva ola de vinos modernos, ágiles e irreverentes que obtienen su energía del frescor de la uva y huyen de la sobreextracción, que aparcan la madera y apuestan por el barro. La manera en la que Pié usa las tinajas en sus crianzas ha servido de inspiración para muchos y, la agilidad y verticalidad de sus vinos no han dejado de generar debate. Los vinos de Sicus muestran una nueva manera de interpretar la uva en climas cálidos, ofreciéndonos perfiles hasta ahora insospechados de variedades que creíamos conocer.

La gama Sons

Elegir entre todos los vinos de Eduard es tarea nada sencilla. Deberíamos empezar por la gama Sons, la colección de monovarietales que envejece en el mismo viñedo, en tinajas enterradas en el suelo. Sicus Sons Monastrell brilla con luz propia, con volumen, pero también con frescor, situándose en las antípodas de los más maduros vinos de monastrell de la región murciana. En Bonastre, la uva tinta del mar, se viste de sonidos (sons), vibraciones y pálpitos de una tierra viva, dando forma a un vino de alma silvestre y perfumes delicados.

La gama Sicus

Entre la gama Sicus, hay mucho donde elegir. Todos ellos monovarietales frescos, ligeros y con las uvas autóctonas como grandes protagonistas. Quizás Cartoixà Marí, por la revolución que supuso en el menospreciado mundo del vino rosado, merezca ser destacado por encima del resto. Vino envejecido en ánfora, con muy poco color y una graduación discreta, rezuma energía por los cuatro costados. Aromas de cítricos y una textura crujiente lo caracterizan.

La gama Sicus Cru

Los llamados Sicus Cru esconden las burbujas de la casa. Las variedades cartoixà blanc (nombre con el que también se conoce la xarel·lo) o cartoixà vermell (xarel·lo vermell) son las uvas que les dan forma. El Sicus Cru Marí, por su importancia en la historia de la bodega de Bonastre y por su elegante austeridad, merece un aparte. Espumoso de suelos calcáreos, seco y de larga crianza, es un vino de los que no hace concesiones, cremoso, fresco y salino, con carácter suficiente para hacer temblar media Champaña.

El vino dulce

Acabemos con la miel en los labios, con el fresco dulzor del Mediterráneo en un vino único, elaborado a partir de uvas secadas de las que apenas se obtiene un 10% de rendimiento. Hacen falta 1.000 kg de uva para obtener 100 litros de mosto con el que elaborar el Meliterrani (mel 'miel' y mediterrani 'mediterráneo'). Dulce de membrillo y miel, fruta tropical caramelizada y un tacto cremoso que emociona, nos transportan hacia un postgusto que parece eternizarse.