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Croatina

Algunos la llaman la syrah italiana, quizás por sus aromas especiados, pero tiene sus propias particularidades. Es la croatina, una variedad tinta típica del norte de Italia, que, por no corresponderse con los patrones más habituales, ha sido relegada al olvido durante mucho tiempo, como Cenicienta frente a sus hermanas, consideradas más nobles. ¿Dónde podemos encontrarla? Principalmente y típicamente en tres zonas. La primera es la región del Oltrepò Pavese. Aquí aparece mezclada en los cupajes más habituales de las denominaciones de Bonarda y Buttafuoco, aunque también como monovarietal. De hecho, la tendencia actual a recuperar el potencial cualitativo de esta uva hace que sean precisamente monovarietales de croatina los mejores vinos que podemos encontrar hoy en estas dos regiones.

Otra zona sería la que se erige entre Piamonte y Lombardía, muy vinculada también históricamente a la ciudad de Milano: Colli Tortonesi. Estas colinas dan continuidad geográfica al Oltrepò y, por consiguiente, constituyen un teatro natural para darle acogida, junto a otras variedades como la barbera o la timorasso. Lo mismo puede decirse de la denominación de Colli Piacentini, donde la croatina es presente en los vinos más típicos del territorio, bastante similares a los de la provincia de Pavía. Por último, en el alto Piamonte, la zona, para entendernos, de Gattinara, Boca y Bramaterra, una zona volcánica en la que la croatina se expresa con rigor y verticalidad.

¿Qué tienen en común todas estas "croatinas"? En pocas palabras, una historia de subordinación. La croatina no tiene antecedentes de haber sido vinificada sola en ninguna región, exceptuando el Oltrepò y en casos muy puntuales. Siempre se ha considerado —no sin falta de argumentos en el fondo— una variedad dura, ruda, de tanino riguroso y con una estructura poco elegante; la verdad es que uno debe conocerla bien para cultivarla y vinificarla con éxito. Tradicionalmente se ha vinificado mezclada con otras uvas para amabilizar su tacto y ha sido habitual también elaborarla como espumoso, para facilitar su consumo; actualmente, gracias a las modernas técnicas de vinificación y crianza, empezamos a descubrir en ella unos vinos asombrosamente completos y con una longevidad maravillosa.

No debería sorprendernos, entonces, que entre los embajadores de croatina se encuentren en la actualidad algunos de los mejores viticultores de Pavía, Tortona o del Piamonte en general. Quién sabe si su nombre no deriva en realidad también de cravattina, la 'corbata' que la gente lucía en los días de fiesta, cuando era costumbre descorchar los mejores vinos. La de la croatina es una historia muy larga sin duda, tanto en el tiempo como en lo que refiere a territorios implicados. Está documentada en la localidad de Rovescala, en el Oltrepò Pavese, desde el año 1192 con el nombre de bonarda y desde entonces es un símbolo de las mesas lombardas. Una historia que, claramente, no va a terminar aquí.

Vino con Croatina