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Saint-Émilion

Dónde está Saint-Émilion

Los vinos de Saint-Émilion han sido apreciados durante más de 2000 años. Hacia el año 56 aC, los romanos produjeron allí las primeras ánforas de vino; se cortaron bosques y se plantaron viñedos. En el siglo V, la caída del Imperio Romano dejó la viticultura y la expansión de su cultura en manos del Cristianismo y, en el siglo XI, los monjes Benedictinos relanzaron la viticultura con fuerza y el pueblo encontró un nuevo nombre: Saint-Émilion. Cuenta la historia que un monje de la Bretaña, de camino a Compostela, decidió hacer un alto en una cueva cerca del Dordoña y establecerse allí; al fallecer en el año 787, sus fieles construyeron la famosa iglesia monolítica de Saint-Émilion.

La Edad Media marcó intensamente el paisaje y las estructuras de Saint-Émilion; la extrema fragmentación actual del viñedo se debe al reducido tamaño de las granjas medievales. Ya en el siglo XVIII, la Ilustración trajo importantes avances a la viticultura, tales como la discriminación de las mejores variedades o la incorporación del término cru para referirse a los mejores viñedos y a sus vinos.

En la segunda mitad del siglo XIX, la filoxera golpeó Saint-Émilion. La creación de la cooperativa de productores de Saint-Émilion en 1931 fue clave para superar la crisis. La creación de la AOC y la incorporación de una clasificación en 1954 reafirmaron la reputación de sus viñedos. En 1999, Saint-Émilion fue declarado patrimonio mundial de la UNESCO en reconocimiento a 2000 años de conexión entre el terruño y las personas. Sus intactas y empinadas calles medievales repletas de espacios dedicados a la cultura del vino y las preciosas viñas que rodean la población, conforman un histórico paisaje vinícola de obligada visita para cualquier amante del vino.

Hoy día, en sus más de 1000 ha de suelos calcáreos, de arenas, arcillas y gravas se cultivan esencialmente tres variedades: el merlot (60%), el cabernet franc (30%, elegante y aromático) y el cabernet sauvignon (10%, tánico y especiado). Con el paso de los siglos, la uva merlot se ha convertido en la predilecta de Saint-Émilion, en cuyos viñedos alcanza una madurez perfecta. Ofrece vinos de refinada elegancia pero no exentos de carácter, redondos en boca con aromas a moras y cerezas. Sin embargo, la variabilidad de suelos y los distintos cortes varietales ofrecen perfiles de vinos distintos en la región. Una característica común entre ellos es la potencia y la concentración, así como los aromas que recuerdan a fresas y grosellas silvestres, especias dulces, vainilla, cuero y humo. Generalmente cálidos y generosos podemos remarcar también sus elegantes taninos aterciopelados que dotan al vino de una sensacional delicadeza. Suelen envejecer con elegancia y, los mejores ejemplos, incluidos en la AOC Saint-Émilion Grand Cru, ganan complejidad hasta 30 años después de ser embotellados.

Vino de Saint-Émilion

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