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Vino de Hungría

Hungría está recuperando a buen ritmo el prestigio vinícola que perdió durante la era comunista. El cambio se inició en 1990, momento en el que muchas cooperativas empezaron a caer y, en consecuencia, algunos viticultores quedaron en posesión de parcelas de tamaño medio que empezaron a vinificar individualmente.

De los 5 millones de hectolitros que produce el país en la actualidad, un 25% se dedica a la exportación, con Alemania como principal cliente. Las inversiones extranjeras llegaron únicamente en la última década y, hasta entonces, fueron únicamente los vinos dulces de Tokaj los que gozaron de popularidad.

Hungría cuenta con innumerables variedades autóctonas de nombres nada fáciles de pronunciar, aunque la llegada de capital extranjero está trayendo inevitablemente consigo cepas de origen francés con las que producir vinos para un público mayoritario. Sin embargo, los propios consumidores húngaros siguen apostando por los vinos de Somló y los enérgicos Bikavér (sangre de toro), aquellos vinos que asustaron a los turcos por las manchas que dejaban en la ropa, llevándolos a creer que los soldados húngaros bebían sangre de toro para ganar en fortaleza.

El país cuenta con 22 regiones vinícolas, de entre las que destacan Tokaj al noreste; Villány y Szekszárd, productoras de vino tinto, al sur; y Somló, zona de vino blanco, al noroeste. La altitud de los viñedos oscila entre los 100 y los 600 metros y la mayor parte del terreno es llano y árido. Por su parte, los suelos son de gran diversidad, pudiéndose encontrar desde arcilla y loess, hasta basalto y arena. El clima es continental y los otoños parecen perpetuarse en algunas partes del país, dando lugar a la deseadísima botritis, el hongo que posibilita la obtención de las uvas deshidratadas con las que se elabora el Tokaji, vino de reyes y rey de vinos, uno de los vinos dulces más prestigiosos del mundo. 

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