Alsacia, las uvas de las cigüeñas

Actualmente región francesa, otrora alemana, Alsacia ha sido siempre un lugar idílico para la elaboración de vinos, pese a los cuatro siglos de enfrentamientos entre ambos países. La influencia alemana se deja notar aún en multitud de detalles como el nombre de los pueblos o las variedades de uva empleadas. Entre las calles adoquinadas de sus ciudades medievales, que parecen sacadas de un cuento de hadas, se esconde una gran tradición gastronómica en la que el vino ha sido siempre actor principal.

La región se divide en dos departamentos, unidos por la preciosa Route du Vin de Alsacia: el Bajo-Rin y el Alto-Rin. Ambos suman 15000 ha de viñedo de suelos muy variados, desde granito y piedra caliza, hasta arcilla, esquisto, tierra volcánica y arenisca. El clima es templado y soleado con un largo periodo de crecimiento y, al contrario de lo que pudiéramos presuponer por su latitud, las precipitaciones son más bien escasas. De hecho, la Alsacia es la segunda región menos lluviosa de Francia, sólo por detrás del Languedoc. Las precipitaciones son aún menores en el Alto-Rin, al estar más protegido por la cordillera de los Vosgos, por lo que sus vinos son los que gozan de mayor prestigio en la región. Sin embargo, no todo son bondades climatológicas, factores como el granizo y las heladas ponen en riesgo más de una cosecha. La mayoría de viñedos están orientados al sudeste, aunque algunos rincones miran hacia el sur o el sudoeste, beneficiándose de unos rayos solares extra que les permiten ofrecer uvas de mayor calidad.

La mayoría de vinos alsacianos son blancos y monovarietales. Además de los vinos secos, la AOC acoge también vinos dulces como los de vendimia tardía o los SGN (selección de granos nobles), afectados por el hongo de la botritis. Los vinos alsacianos tienen mucho cuerpo y suelen llevar el nombre de las variedades en las etiquetas, hecho poco común en Francia. Poseen un equilibrio casi perfecto entre fruta y acidez que el uso racional de la madera no enmascara en absoluto.

Existen 51 viñedos clasificados como Grand Cru, supuestamente los de mayor calidad; sin embargo, grandes nombres de la región como Trimbach, elaborador del escaso y codiciado Clos Sainte Hune, se han negado a someterse a los controles para poder lucir dicha distinción en sus botellas. Tanto los Grand Cru como los vinos dulces sólo aceptan cuatro variedades de uva: riesling, gewürztraminer, pinot gris y muscat d’Alsace. La más plantada es la riesling con la que se producen vinos frescos y minerales que envejecen de maravilla. La gewürztraminer cautiva con su perfume de lichis y fruta tropical, mientras que la pinot gris recuerda a menudo los aromas de ceniza y la muscat posee los aromas más primarios. Se producen también vinos con la pinot blanc o la sylvaner aunque, a menudo, son más suaves y menos perfumados. La única uva tinta es la pinot noir y sus vinos, que a duras penas alcanzan el 10% de la producción, suelen ser afrutados y de poco color. Se elabora también vino espumoso de método tradicional bajo el nombre de Crémant d’Alsace.

Los viñedos más reputados de la región, como los de Marcel Deiss, Domaine Weinbach, Domaine Zind-Humbrecht o Josmeyer, son vigilados con recelo desde lo alto de árboles y tejados por las cigüeñas, símbolo nacional alsaciano.

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