Primavera en el viñedo: desde los brotes hasta la flor

La primavera es sinónimo de despertar, de fin del letargo invernal para muchos seres vivos, entre los cuales, la vid. Durante los meses más fríos, la planta no dispone de hojas, tan solo conserva la parte leñosa de su estructura, la única capaz de soportar las inclemencias meteorológicas del invierno. Cuando entre los meses de enero y febrero el viticultor poda la planta, le envía un mensaje que ésta interpreta como una llamada a un remoto despertar, hecho que se producirá con la subida de las temperaturas en primavera.

El primer proceso que delata que la vid empieza a reactivarse es el lloro, perceptible en los cortes de poda que empiezan a brillar con la savia saliendo por las heridas. Entre finales de marzo y principios de abril (en el hemisferio norte y según las particularidades de cada región) las yemas empiezan a engordar, en forma de pequeñas bolas algodonosas que se alternan sobre los sarmientos. Pronto, dichas protuberancias se desplegarán dando paso a los primeros brotes verdes, en el proceso conocido como brotación o desborre.

Después, los brotes crecerán, durante los meses de abril y mayo, hasta convertirse en hojas y ramas nuevas, completando la foliación, proceso vital para que la planta pueda empezar a trabajar a pleno rendimiento. El viticultor se ocupará de eliminar los brotes excesivos, asegurando que la superficie foliar sea la exacta para que la planta trabaje de manera óptima. Las hojas son las responsables de la transpiración, la respiración y la fotosíntesis, de la transformación de la savia bruta en elaborada y de la captación de la energía solar entre otros procesos, por lo que su correcto desarrollo es fundamental para la bondad de la futura cosecha.

Finalmente, con la primavera tocando a su fin (finales de mayo, principios de junio), llega la floración, momento en el que aparecen los embriones de las flores, unos pequeños botones que se desarrollarán hasta convertirse en los granos que formarán los racimos. Del éxito de esta fase dependerá tanto el volumen de la cosecha como el comienzo de la vendimia, pues desde el momento de la floración hasta el de la recolección, suelen pasar unos 100 días.

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