Entrevistamos a María José López de Heredia, de Bodegas López de Heredia Viña Tondonia

Al frente de Viña Tondonia desde el año 2004, María José López de Heredia trabaja junto con sus hermanos para transmitir el legado creado por su bisabuelo hace más de 140 años. Fiel a un estilo de vino clásico y a los métodos tradicionales de elaboración, hoy hablamos con una de las mujeres más importantes del mundo del vino y la responsable de una de las bodegas más míticas de España.

María José con su hermana Mercedes.
©Archivo Lopez de Heredia Viña Tondonia – Fotografía Tim Atkin

¿En qué han cambiado los vinos de López de Heredia desde sus inicios?

En nada y en todo. Dado que comenzamos hace 142 años primero nos cuesta realmente saber cómo eran los vinos que elaboraban nuestro bisabuelo y abuelo. Los podemos catar hoy, después de los años, y también tenemos mucha documentación sobre cómo se trabajaba y el nivel alto de exigencia que se ponían para elaborar vinos finos y elegantes dignos de las mejores mesas. Presumimos de haber cambiado poco en el sentido de que somos fieles a los mismos métodos de trabajo tanto en la viña como en la bodega pero es evidente que elaboramos vinos con las uvas que la naturaleza nos procura cada año y esas uvas también van cambiando. En cualquier caso nos gusta el resultado de los vinos que tenemos guardados y que fueron hechos por nuestros antecesores y por eso seguimos la máxima de que si algo está bien, no se debe cambiar. Tenemos muchos clientes que nos dicen que, por favor, no cambiemos y eso nos anima a continuar intentándolo.

¿Cómo ha conseguido una bodega tan importante como R. López de Heredia Viña Tondonia seguir siendo de propiedad familiar?

Con mucho trabajo, con convicción, con amor, con pasión y con mucha generosidad. Siempre digo que también, quizás, con algo de suerte y estrella. Hay empresas que no se merecen desaparecer y las circunstancias no les son propicias.

¿Qué añada le gustaría que se repitiese?

1964 porque, aunque yo no había nacido, el resultado sigue mostrando que fue una Cosecha Milagro. Eso, si me tengo que ajustar a un solo año. Con cualquier año frío y clásico de Rioja Alta, fresco, de ciclo largo, como 2001, 2005 o 2010 también me quedaría muy satisfecha. En cualquier caso, el riesgo de que la naturaleza nunca se repita es un motivo por el que continuar en el mundo del vino y que lo hace incontrolable y, por ende, más apasionante convirtiéndose en una cura de humildad y un reto cada año. No existirían añadas buenas sin sus contrarias y eso me parece también una buena cosa. No me gusta pedir a la naturaleza lo que no creo que estemos con derecho a exigir. El ser humano siempre ha querido dominarla. Prefiero, simplemente, amarla y entenderla y ser agradecida.

¿Cuál es la botella más preciada que conservan? ¿Por qué la destacaría?

Cada botella es la más preciada para nosotros pues somos criadores y nos comportamos como padres con sus hijos, unos pueden ser más listos o mejores que otros pero les queremos a todos. Ahora bien, los vinos los elaboramos para comercializar y ser consumidos así que, entre aquellos que hemos conservado, la más preciada es la más antigua, aunque solo sea por el hecho de su edad y lo que significa, que data de 1885. Tiene más valor afectivo, histórico y enológico que valor comercial pero por eso es una de las más “preciadas”.

¿Por qué, pese a su excelsa reputación a nivel internacional sus vinos siguen teniendo un precio comedido?

Porque, para nosotros, la política del precio es tan importante como el trabajo en el viñedo o en la bodega. Pensamos siempre mirando hacia el futuro pero porque tenemos mucho pasado y deseamos seguir teniendo futuro. Creemos que el vino debe ser bebido por quienes lo aprecian y no solo por quienes se lo pueden permitir. No nos gustaría jamás que nuestros vinos no pudieran ser disfrutando por gozar de precios inalcanzables y luchamos comercialmente por ello. Tampoco nos parece moralmente ético que se especule cuando los vinos son escasos y esto lo hace el mercado pero nosotros predicamos con el ejemplo. Nuestro padre nos repetía sin descanso: obras son amores que no buenas razones.

¿Es cierto que no permiten hacer fotos en el interior de la bodega a los visitantes? ¿Por qué?

No, no es cierto. Nuestra bodega es fotografiadísima y además no somos amigos de prohibiciones. Lo que sí pedimos es que hagan, por favor, buen uso de las fotografías porque hemos tenido y tenemos cada día, lamentablemente, muy malas experiencias con reproducciones de imágenes de nuestra bodega con créditos incorrectos, indicando que se trata de la bodega del vecino e infinidad de malos usos de nuestra imagen sin autorización, que no son sino un reflejo de la falta de rigor que existe hoy día por parte de todos los ciudadanos, incluido profesionales. Hoy parece que si no aparece una foto en Facebook o Instagram no se ha tenido una experiencia o no se existe y nosotros animamos a la gente a que aparquen sus teléfonos móviles cuando nos visitan y disfruten de la experiencia no para contarla sino de una forma casi espiritual, con recogimiento y silencio y si algo se quiere retratar está bien pero para uso interno. Todo el mundo aprecia las preciosas fotografías de vendimia que se hacían en siglos pasados pero lo hacen porque esas fotografías se preparaban, estaban hechas con cariño y el resultado eran obras de arte. Hoy se tiran 100 fotografías por segundo y no se prepara estéticamente nada y hasta el lugar más hermoso se banaliza retratado sin tiempo ni profundo entendimiento de nuestro trabajo. Eso nos preocupa muchísimo y, en concreto, a mí personalmente. Nos resta intimidad y estamos hablando de la imagen de nuestra Casa. Para mí, mi bodega es mi Casa y lo mismo que no me gusta que en mi propia Casa me retraten sin cuidado y lo reproduzcan a los cuatro vientos, en nuestra bodega pedimos delicadeza y comprensión. No se puede cuidar la imagen a la hora de vender, hoy que se habla tanto de mercadotecnia, y descuidarla con complicidad de nuestros visitantes.

©Archivo Lopez de Heredia Viña Tondonia – Fotografía Imanol Legross

¿Por qué motivos son tan pocas las bodegas que apuestan por las largas crianzas?

Desde los comienzos de la historia del vino, desde los Egipcios el hombre ha aprendido a guardar vino cuando las cosechas superaban en producción a su consumo. Por tanto, el hecho de envejecer vino es una filosofía, por decirlo de alguna manera, forzada. Por razones obvias a cualquier bodeguero le interesa vender el vino lo antes posible. De esa manera se recupera la inversión. Otra cosa es que, cuando la crianza larga se convierte en una filosofía después de los años como es el caso de Rioja en general y de nuestra Casa muy en particular, los vinos tienen matices terciarios que se convierten en su propia personalidad y para eso se necesitan dos cosas: saber hacerlo y luego querer hacerlo. Y por supuesto buena uva, siempre buena uva.

¿Se imagina un vino con tan solo unos meses de crianza luciendo la etiqueta de su bodega? ¿Y un monovarietal?

No, no me lo imagino. Vinos con pocos meses de crianza los tenemos en la bodega y los catamos continuamente pero no nos planteamos comercializarlos. Es pura convicción. Y un monovarietal tampoco. Somos fieles a nuestra historia y el “coupage” clásico de Rioja fue definido hace muchos años cuando se luchaba contra la filoxera, precisamente, “porque no querían perder la personalidad que había hecho a Rioja conocida mundialmente” y estamos hablando hace ¡más de 100 años!. Por eso somos fieles al 70% tempranillo, 20% garnacho, y 10% graciano y mazuelo. Nos gusta sacar el partido de la mezcla de variedades y de las virtudes de cada una, año tras año.

¿Qué tiene de especial el roble americano respecto al de otras procedencias?

Cada roble tiene características físicas diferentes. En puridad deberíamos hablar de roble occidental y oriental y nunca en términos de mejor o peor calidad. Son, simplemente, distintos. Nosotros usamos el americano no porque tenga algo especial sino porque es el que siempre hemos usado de forma más generalizada, lo conocemos y nos gusta su resultado. De hecho el roble no deber jamás dominar a la fruta. El vino tiene que recordar a vino y no a vainilla o especias procedentes del roble. Por eso curamos y secamos nosotros las duelas durante más de 3 años, hacemos todas las barricas en nuestra tonelería y, lo más importante, las reparamos para que al cabo de unos años se conviertan en contenedores donde los vinos se críen con micro-oxigenación lenta, se estabilicen con paciencia, pero no tengan exceso ni dominen los caracteres de la madera.

¿Qué uso en concreto tienen las tinas de roble de mayor capacidad de su bodega?

En nuestra Casa las usamos para fermentar nuestros vinos y también como contenedores de almacenamiento. Nos han dado siempre un buen resultado.

¿Qué ventajas tienen las claras de huevo frescas, que ustedes utilizan aún como clarificantes, respecto a otros productos con la misma función?

Que podemos usarlas sin preocuparnos de cuánto tiempo están en contacto con el vino y en base a nuestra experiencia. La albúmina del huevo es una proteína. Otros productos clarificantes también tienen la proteína como base pero en algunos casos más concentrada y, por tanto, requieren analíticas más precisas y tiempos más limitados. Para nuestra forma de trabajar, lenta y paciente, nos va muy bien la clara de huevo fresca. Nuestro padre tuvo el gallinero en la bodega y nos planteamos volverlo a poner. Le tomábamos el pelo diciéndole que había sacado adelante la bodega “por huevos”.

¿Qué opinión le merece el actual movimiento del vino natural? ¿Se sienten próximos a él?

Ya lo creo. Nuestro vino es totalmente natural si por ello se entiende respeto a la naturaleza y ausencia de aditivos. Pero no se trata de un movimiento actual. Esta placa de aproximadamente 1886 ya es una prueba de ello. Nuestro bisabuelo lo tenía ya claro y nuestro padre tenía obsesión y pasión por cultivar uvas de buena calidad, equilibradas al máximo en todos sus componentes para evitar tener que corregir los vinos en la bodega.

¿Por qué cree que los jóvenes no se sienten más próximos al vino? ¿Quizá les resulta aburrido o difícil de entender, como le sucedía a usted cuando acompañaba a su padre al viñedo siendo niña?

El vino es ácido, alcohólico y amargo a veces. No suele gustar a niños y los jóvenes tienen que aprender a beberlo. Además, el vino considero que ha de comenzarse a beber cuando se ha superado la juventud biológica, a partir de los 18 ó 20 años o incluso alguno más. En nuestra Casa no nos daban la mayoría de edad hasta los 21 y no nos estaba permitido beber vino salvo en ocasiones excepcionales como Navidad, alguna celebración especial, o, casi como si fuera una medicina, cuando no teníamos apetito. Nos enseñaron a beberlo y a respetarlo. Es una cuestión educacional y cultural. A mí no me preocupa que el vino sea serio sino todo lo contrario, creo que tiene que serlo y hay que aprender a valorarlo. Y ese tipo de cosas, como tantas otras, se suelen aprender en Casa. Hoy las familias están cambiando y los hábitos alimenticios tienen mucho que ver con la forma de vida. Por otro lado, para beber buenos vinos hay que tener un cierto poder adquisitivo que se alcanza con una determinada edad. No creo que sea preocupante sino que tenemos que tener paciencia y no desistir en la transmisión de los valores que están detrás de una copa de vino. No hay que beber mucho sino beber bien y para apreciar ciertos placeres en la vida hay que tener un mínimo de experiencia y edad.

¿Qué tiene la Rioja que no tenga la Ribera? ¿Qué opina de los vinos ribereños?

Ribera del Duero es una zona con grandísima vocación vitícola y yo siempre he descrito el Vega Sicilia como un Rioja de Ribera del Duero. Espero que esto no le moleste a Pablo Álvarez. En Ribera, como en Rioja, hay vinos mejores y peores, todo depende del bodeguero. Salvo esta bodega, claramente histórica, la diferencia entre Rioja y Ribera es simplemente una cuestión de edad como zona. A mí personalmente me gustan muchos vinos de Ribera del Duero y jamás me planteo cuando los disfruto compararlos con Rioja.

¿Qué opinan de los críticos de vinos? ¿Cómo se sienten cuando leen sus puntuaciones y comentarios sobre sus vinos?

Nosotros respetamos su trabajo e incluso creemos que contribuye a que muchas personas se apasionen por el mundo del vino pero no tomamos nuestras decisiones en base a puntuaciones y comentarios sino a aquello en lo que creemos y en lo que nos enseñaron. Hoy día todo cliente es un crítico de vinos pero sería imposible complacer a todos. Por tanto intentamos dar a las críticas la importancia justa, siempre respetándolas.

¿Qué es lo más bonito que les han dicho de uno de sus vinos?

Este vino es bueno; aparte de cientos de poemas simpatiquísimos y originales que algún día publicaremos.

¿Cómo se imagina los vinos riojanos de las próximas décadas?

Mejorando, siempre mejorando. La imaginación es libre y, puestos a pedir, siempre pido mejorar e incrementar la calidad media de todo el conjunto, que ya es muy grande.

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