La Sierra de Gredos: elegante rusticidad

La historia de los vinos de la Sierra de Gredos es la historia de un redescubrimiento. Un pequeño grupo de jóvenes viticultores enamorados de la tierra y el vino ha puesto en valor nuevamente los viejos vasos de garnachas olvidadas, cuyos magníficos frutos se usaron durante décadas para producir vino a granel.

Los viñedos de Gredos se reparten entre tres provincias (Ávila, Madrid y Toledo) y tres denominaciones de origen (Méntrida, Vinos de Madrid y Vino de la Tierra de Castilla y León). Pese a la enorme calidad de sus vinos y a la insistencia de reputados críticos internacionales, no existe por el momento una denominación de origen que los englobe. Sus vinos, sin embargo, sí tienen elementos comunes que los hacen distintos a los de las denominaciones vecinas. La mayoría de los viñedos se encuentran entre los 600 y los 1100 metros, algunos incluso por encima; las viejas cepas de garnacha recubren sus suelos y se benefician del frescor de la montaña y del carácter de sus raíces profundas para deleitarnos con un perfil del varietal inexistente en el resto de la Península. Gredos conforma un terruño particular, de clima continental, orientaciones diversas y un suelo único de intensa mineralidad que regala a las manos trabajadoras garnachas emocionantes y llenas de vida.

Fue Telmo Rodríguez en 1999 el primero en darse cuenta de lo que nos estábamos perdiendo en las empinadas laderas de Cebreros. Allí, los suelos de pizarra (volumen y complejidad) y granito (nitidez y verticalidad) y la crudeza de un clima continental se combinan con las garnachas centenarias para ofrecer algunos de los vinos más expresivos y personales del mundo como el Pegaso Barrancos de Pizarra o el Pegaso Granito.

Algo después, entre 2004 y 2008 llegaron nuevos proyectos revitalizantes a la zona. Canopy, liderado por tres amigos estrechamente relacionados con el mundo del vino, centró todos sus esfuerzos en la viña y ésta los premió con sus mejores frutos; vinos como La Viña Escondida son ya referentes absolutos. Daniel Gómez Jiménez-Landi fue otro de los visionarios, dirigiendo el proyecto familiar (Jiménez-Landi) durante ocho años y coliderando junto a Fernando García el ya idolatrado Comando G. En la actualidad, gobierna su proyecto más personal: Daniel Landi Viticultor, dejando un rastro de estrellas como El hombre bala o Las uvas de la Ira, mientras que al mando de la bodega familiar sigue José Benavides, con vinos tan golosos como el pequeño Bajondillo o tan destacable como el Ataulfos, entre otros.

Otros proyectos como Bernabeleva, Marañones, 4 Monos Viticultores o Bodegas Maldivinas siguen peleando por difundir la elegante rusticidad borgoñona de la Sierra de Gredos, agrupados bajo el nombre de Garnachas de Gredos. Pero no están solos, críticos de enorme prestigio como Luis Gutiérrez sitúan ya los vinos de Gredos entre los de Châteauneuf-du-Pape y la Côte de Nuits.

Un comentario

  1. Laura 15/01/2018

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