La Prieto Picudo

Variedad autóctona de Castilla y León, de brotación temprana y racimos compactos (prietos) y bayas con forma ovalada y acabada en punta (picudo), fue durante muchos años uva de graneles, pues la acompañaba cierta fama de rústica. Parece no haberse reproducido en ningún otro lugar del mundo y, en su región autóctona tiene todavía mucho camino por recorrer. Plantada entre los 700 y los 900 metros de altitud, peleaba con las plantaciones de cereales en el pasado, sobre terrazas aluviales en suelos pardos asentados sobre piedras y caliza, con cierta capacidad para retener agua, fundamental en una zona de baja pluviometría e importantes contrastes térmicos.

Pese a contar con una importante historia a sus espaldas, la uva prieto picudo sigue siendo una de las más desconocidas de España. Tradicionalmente, con ella se han elaborado los claretes de la Tierra de León, siguiendo la técnica ancestral del madreo, que consiste en añadir racimos enteros al mosto en fermentación para conseguir mayor color y aroma, así como carbónico residual producido en el interior de los granos sin romper. Actualmente, con ella se elaboran, además de los claretes, rosados modernos y tintos de estilos diversos y la uva está empezando a dar sus primeros pasos firmes en el territorio de la joven DO Tierra de León en el que debe codearse con tempranillos y mencías pese a ser la uva mayoritaria (70%). Su escaso rendimiento respecto a dichas uvas encarece su producción y aumenta la dificultad de trabajar en una zona de puro secano; la baja fertilidad de los suelos acentúa dicha tendencia.

Hasta no hace mucho, se creía que la prieto picudo era una uva perfecta para elaborar rosados y poco más, pues los tintos elaborados sin demasiado control resultaban rudos y ásperos, ya que se trata de una uva con un alto porcentaje de pepitas y hollejo. La tradición de elaborar vinos tintos de crianza es todavía reciente, pero la variedad tiene todo lo necesario (taninos, acidez, etc.) para triunfar en este estilo, tal y como confirman ya algunos grandes vinos. Parece funcionar mejor con maderas usadas de tostados medios que no entorpezcan la expresión de la fruta y sus vinos agradecen un tiempo de reposo en botella antes de salir al mercado, para que los taninos puedan integrarse. Es una uva que aporta mucho color, con aromas de fresas silvestres, arándanos, y flores azules. En boca, los vinos de prieto picudo son amplios y enérgicos, con una vigorizante acidez que resulta clave en su equilibrio. Tiene fama de indómita, pero cuando cae en manos capaces de conducirla con sabiduría, ofrece vinos muy expresivos de alma salvaje.

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