Entrevistamos a Juan Carlos López de Lacalle (Artadi)

Artadi acaba de presentar sus Grandes Vinos de la cosecha 2016, un momento siempre lleno de emoción que este año cuenta además con dos nuevos protagonistas: los dos vinos de parcela San Lázaro y Quintanilla. Hablamos de ellos y de mucho más con el hombre que ha llevado el prestigio nacional e internacional de esta bodega a lo más alto: Juan Carlos López de Lacalle.

Artadi Juan Carlos López de Lacalle

—Juan Carlos, es evidente que los vinos parcelarios son muy importantes en Artadi. ¿Realmente son tan notables las diferencias entre unos y otros viñedos?

—Es evidente que los vinos nacen en el viñedo y los vinos están asentados en suelos con características bien diferenciadas. La región, el clima, la orientación, la variedad, el manejo, la añada… son elementos que nos hacen palpar las peculiaridades que son el reflejo de la personalidad de cada viñedo. En ocasiones las diferencias son muy notables y en otras son más sutiles, pero lo importante es que estamos trabajando con unidades de producción pequeñas que nos aseguran sensaciones ligadas a su origen.

Contamos con 46 parcelas de viñedo y, desde hace unos 12 años aproximadamente, nos hemos centrado en el conocimiento y descubrimiento de parcelas con peculiaridades propias, con características diferenciadas y con un mensaje único. Este mensaje no tiene por qué ser exuberante ni poderoso, sino simplemente tiene que ser honesto.

—Respecto a las dos nuevas parcelas, ¿cuáles son las peculiaridades más destacables de estos viñedos y sus vinos? ¿Qué particularidades tienen los dos recién llegados?

La Morera de San Lázaro se asienta sobre un suelo arcillo calcáreo con textura arcillo arenosa. Profundo. Es un suelo pobre cuya peculiaridad es la superposición de horizontes formados en la era cuaternaria, de arenas finas, sobre un suelo calizo de la era terciaria. Por ello, disfrutamos de un terreno muy bien oxigenado, con gran riqueza biológica y de un gran potencial vitícola. Su localización al abrigo de los vientos del sureste favorece la protección natural del viñedo, generando un microclima único en esta parcela.

Este viñedo nos define vinos delicados, de estructuras esbeltas y de gran sutileza, que consiguen generar grandes emociones. Sus taninos finos y delicados se funden en perfecta armonía en boca junto con las sensaciones de las pequeñas frutas del bosque, en una combinación de color y elegancia que genera una profundidad de sencillez rotunda. Podríamos decir que son vinos marcados por equilibrios de fragilidad persistente que dejan huellas que no se olvidan.

San Lorenzo de Quintanilla se asienta sobre un suelo arcillo calcáreo de profundidad media con presencia de cal dura y roca madre arenisca a unos 70-75 cm. Esta falta de profundidad en el suelo es una condición limitante para la obtención de reservas hídricas en el subsuelo y, como consecuencia, es un suelo que genera un buen equilibrio en el vigor de la planta y una producción moderada y de alta calidad.

Es un vino con una firme notoriedad en nariz y una boca llena de frescura. Concentración de frutas turgentes. Sensaciones estructuradas de gran naturalidad y límpida definición. Sin adornos en su mensaje, nos ofrece vinos de una gran entereza y austeridad que los hacen muy atractivos. Al final, disfrutamos de sensaciones táctiles largas con un posgusto de frescor y un esqueleto definido y envolvente.

—Artadi elabora vinos en tres regiones españolas y siempre vinos monovarietales (salvo alguna pequeña excepción). ¿Por qué una apuesta tan decidida por los vinos monovarietales? ¿Existe alguna otra uva que llame la atención de Artadi? ¿Veremos a Artadi elaborar en alguna otra región algún día?

—Sigo insistiendo en que el viñedo hace el vino y hay viñedos que conjugan varias variedades o a veces múltiples variedades. En muchas ocasiones, generan vinos complejos, llenos de expresividad y de gran calidad. Pero nuestra apuesta en ARTADI ha sido intentar ver, de la forma más clarividente posible, el paisaje del vino. Ese paisaje donde ha nacido el vino. Para conseguirlo, quizá cuando trabajamos con una sola variedad la foto es más transparente, más fácil de comprender. En definitiva, entendemos que son vinos más nítidos. Pero es nuestra apuesta, con todo el respeto a otros productores que entiendan el vino desde otra perspectiva.

Todas las variedades tienen su impronta. Desde la frutosidad y la madurez de un monastrell, a la elegancia de un tempranillo, a la fuerza de un cabernet, la energía de una garnacha y la sedosidad de un merlot…, no excluyo ninguna variedad.

Desde hace tres años, estamos trabajando en Zarautz con un proyecto donde la protagonista es la variedad hondarribi zuri / hondarribi beltza para elaborar un txakolí. El nivel de conocimiento que se tiene hoy en el mundo vitivinícola unido, quizá, a los cambios climáticos que estamos experimentando en los últimos quince años, nos han animado a poner en marcha este nuevo proyecto. Intentaremos extraer de esa tierra y de sus vides la magia que la naturaleza nos brinde. Os mantendremos informados.

Nuestra apuesta en ARTADI ha sido intentar ver, de la forma más clarividente posible, el paisaje del vino. Ese paisaje donde ha nacido el vino.

 

—Háblanos de la uva viura, ¿para cuándo un blanco de gama alta en Artadi?

—En la última década hemos visto las aptitudes y el potencial de nuestra variedad blanca autóctona. La viura es una variedad que precisa de un proceso de envejecimiento largo e incluso un proceso de maduración oxidativa para llegar a un nivel cualitativo a tener en cuenta. Estamos trabajando en esta línea, pero sinceramente entiendo que no es fácil. Creo que hay grandes vinos blancos en España, pero la climatología e incluso los suelos no nos ayudan demasiado para lograr grandes resultados, como en otras regiones del Viejo Mundo. Creo que España es un país consagrado en la elaboración de tintos y tenemos que trabajar para identificar y lograr grandes vinos blancos que tengan un carácter propio y la personalidad como cartas de presentación.

—¿Cuál es el papel del roble francés en los vinos de Artadi? ¿Habéis valorado la utilización de otros materiales como el barro o el cemento?

—Hoy uno de los grandes valores enológicos en ARTADI es mantener durante toda la vida del vino, la fruta y el carácter y origen del viñedo. Es decir, buscamos por encima de todo la frutosidad y el frescor de los vinos, sinónimo del origen y del terroir. Utilizamos el roble francés porque entendemos que es más transparente que el americano. Es importante contar con esa condición de estructura que se obtiene del aporte tánico y aromático de una barrica bien hecha. Pero sí que es cierto que hay que utilizarlo con mesura y sin romper la estructura frutal y la presencia de taninos que proceden del viñedo.

Otros materiales de almacenamiento empiezan a ser tenidos en cuenta en la crianza de los vinos. Nosotros hemos valorado muchas veces el barro, el cemento o incluso el acero inoxidable y creo que hemos llegado a la conclusión que quizá la alternancia de estos materiales durante el proceso de envejecimiento del vino represente la mejor elección y resultados.

—¿Cómo son de importantes la ecología y la biodinámica en Artadi? ¿Hasta qué punto implementáis ambas filosofías en vuestros viñedos?

—Desde el año 2002, iniciamos un programa de largo recorrido donde la ecología y la biodinámica se funden en un concepto claro de respeto al medio y entorno natural. Entendemos dos caminos en este nuevo proyecto: por un lado, poner nuestro granito de arena para que la vitivinicultura también se pueda incluir en un proyecto sostenible y dentro de una filosofía de sostenibilidad integrada agraria, económica y social; y por otro lado, hemos constatado que los vinos procedentes de viñedos ecológicos son más transparentes y límpidos, y que sus manifestaciones están más íntimamente ligadas a su origen.

—¿Qué opinión te merece el intenso debate actual entorno a los sulfitos? ¿Se contempla en Artadi la posibilidad de prescindir de ellos en un futuro?

Sinceramente me gustaría decir que el vino natural es la alternativa a la elaboración de vinos convencionales. Pero desgraciadamente entiendo que no es así. Es bonito y saludable poder beber vinos con ausencia de sulfitos, pero el resultado organoléptico en muchos casos resulta desastroso.

Lo que sí es cierto es que hasta hace unos años se ha abusado de la presencia de sulfitos en los vinos y desde luego hay que reducir al máximo posible la utilización de esta sustancia porque al final deterioran y desnaturalizan el vino. Por lo tanto hay que bajar los niveles de sulfitos en el vino. Concretamente nosotros estamos trabajando en torno a 30/40 PPM, cuando la legislación permite y autoriza hasta 350 PPM dependiendo del tipo de vino.

—Dejemos un momento el viñedo y tomemos la historia y la actualidad ahora. Artadi nace siendo un proyecto cooperativista y ha llegado a convertirse en una de las bodegas más reconocidas de España en poco más de tres décadas. ¿Cuál es la clave?

No es una respuesta fácil ya que son muchos años de trabajo y muchos años de descubrimiento, de conocimiento, de adaptación y de auto construcción incluso de nuestro propio proyecto. Si tuviese que resumirlo en dos frases, serían: “Sensibilidad hacia la naturaleza” y “Trabajo incansable”.

¿La clave de nuestro proyecto? Si tuviese que resumirlo en dos frases: “Sensibilidad hacia la naturaleza” y “Trabajo incansable”.

 

—Hace ya un año medio que Artadi abandonó el Consejo Regulador de la DOCa Rioja. ¿Qué valoración hacéis de esta nueva etapa? ¿Habéis observado algún cambio en cómo se perciben hoy los vinos Artadi? Y de ser así, ¿de igual modo dentro de España que fuera? ¿Cómo han recibido los cambios los mercados internacionales?

—Creo que en su momento fue una decisión con gran repercusión mediática y que afortunadamente se ha ido relajando en el tiempo. Hoy os diría sinceramente que ha sido una de las grandes decisiones profesionales de mi vida. Todo el mundo piensa que esto representa un gran cambio, que las estructuras se van a desplomar, que los consumidores no nos van a encontrar, que los mercados nacionales o internacionales van a reaccionar negativamente a este hecho…; al final, con toda sinceridad, creo que no ha cambiado nada en ARTADI: cultivamos los mismos viñedos ubicados en las mismas parcelas, los procesos de elaboración son los mismos que antes, nuestras instalaciones son las mismas, somos el mismo equipo de profesionales al frente del proyecto… Por lo tanto, ¿dónde está el cambio? No hay cambio y el mercado lo sabe y los consumidores lo han entendido perfectamente.

Creo que en el mundo del vino hay que dejar de dar importancia a las estructuras administrativas y reglamentarias y poner todo el esfuerzo y todo el trabajo y dedicación en respetar nuestro entorno natural, nuestros viñedos y ser honestos con esta filosofía.

—Háblanos un poco del catálogo Abo & Lacalle. ¿Cómo habéis seleccionado este nuevo portfolio de vinos extranjeros? ¿Algún productor con el que tengáis alguna relación más especial?

—Hemos tenido la suerte de coger el testigo de una persona conocedora y amante de los vinos, como es Juan José Abó. Gracias a él hemos podido disponer y disfrutar de grandes vinos del viejo mundo, conocer a sus elaboradores y descubrir sus filosofías. Productores como Gerard Chave, la familia Perrin, Pascal Delbeck, Josmeyer, Etienne de Montille, Chateau de Fragues, Elio Altare, Franco Martinetti… y así hasta 50 grandes hombres y mujeres (seguro que me dejo a alguien) que en estos momentos estamos representando en el mercado español.

Además, últimamente estamos incorporando productores de California, Hungría, Chablis, Alsacia… que completarán aún más si cabe esta lista de pequeños productores con los que queremos brindar la posibilidad a restaurantes y consumidores de descubrir el inmenso mundo de emociones que guarda el mundo del vino.

—¿Qué vinos bebe Juan Carlos López de Lacalle cuando no está catando los suyos propios? ¿Existe algún vino que te produzca envidia sana?

—Últimamente, tengo la suerte de probar muchos vinos extranjeros y la verdad es que si la reacción de envidia sana es una actitud positiva, soy un envidioso. Hay grandes vinos en el mundo y por supuesto en España. Creo que los grandes vinos son aquellos que reflejan de forma sencilla el origen de donde vienen y la impronta que marca su elaborador. Afortunadamente, cada día hay más viticultores y bodegas sensibles que aman este oficio y esta profesión, que se aferran a la tierra con mucha fuerza y que generan grandes vinos.

—Para terminar, te dejamos las últimas líneas a tu disposición para que compartas alguna inquietud o deseo, o dediques un mensaje a nuestro lectores aficionados al vino.

—Les diría que se animen a descubrir el mundo del vino. Un mundo inagotable, inmerso en diferentes culturas y tradiciones milenarias, rico en sensaciones y que nos lleva a disfrutar de la magia y la emoción de los sentidos.

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