Rioja, un clásico sin miedo al cambio

El pasado 1 de enero, la normativa de la DOCa Rioja sufrió importantes cambios que, pese a no ser aún conocidos por buena parte de los consumidores, pueden tener importantes consecuencias en el perfil global de los productos de la denominación. A partir de principios de año:

  • Se autoriza la elaboración de monovarietales blancos con cualquiera de las uvas autorizadas, chardonnay, sauvignon blanc o verdejo incluídas; el nombre de las uvas podrá lucir ahora en las etiquetas sin problema alguno.
  • Los vinos rosados pueden lucir colores menos intensos, acercándose más a los vinos color piel de cebolla habituales en la Provenza y tan de actualidad.
  • La fecha del inicio oficial de la crianza en barrica será a partir del 1 de noviembre inmediatamente posterior a la vendimia y no el 1 de diciembre como hasta ahora.
  • La DOCa acogerá la producción de vinos espumosos, tanto blancos como rosados. Serán siempre secos (brut nature, extra-brut y brut) y elaborados por el método tradicional. Se dividirán en: Espumoso de Rioja, Reserva y Gran Añada, con mínimos de crianza de 15, 24 y 36 meses respectivamente.
  • A las calificaciones según el tiempo de crianza (Crianza, Reserva y Gran Reserva), se suman ahora las de procedencia, en un sistema parecido al del vino de Borgoña; así, se podrá mencionar en la etiqueta la zona (Rioja Alta, Alavesa u Oriental), pueblo (cualquiera de los 144 de la DOC) o viñedo de procedencia de la uva. Los vinos de zona o pueblo deben tener la bodega embotelladora ubicada en la zona designada en la etiqueta y las uvas deben provenir al menos en un 85% de viñedos de la zona (el resto pueden tener su origen en municipios limítrofes siempre que la misma bodega los controle en exclusiva durante al menos 10 años). Respecto a los vinos de viñedo particular, las uvas deben proceder exclusivamente de parajes de características agro-geológicas y climatológicas particulares, distintas a los de otras fincas próximas. Además, las cepas deben tener una edad mínima de 35 años, los rendimientos ser sensiblemente menores a la media y los vinos someterse a una doble valoración cualitativa que certifique su carácter singular.

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