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Valoración:
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Resumen de la valoración de Daniel Gómez Jiménez-Landi sobre la añada 2011
La cosecha de 2011 ha sido una añada complicada de trabajar. Reducida la producción en un 50%, las pocas botellas ofrecen excelsos resultados: vinos raciales, vibrantes y delicados, de perfil elegante y complejo, con una textura fluida y un frescor punzante. Son, por lo general, vinos que tendrán una gran evolución en el tiempo y "que nos permitirán, una vez más, aprender, mejorar y seguir soñando con la magia de alguno de los parajes más bonitos de toda España".
Daniel Gómez Jiménez-Landi se considera un aprendiz de la viña, la gran maestra; reconoce estar siempre a merced del tiempo, de la naturaleza, y vive con una ilusión desbordante cada vendimia, sintiéndose frágil y grande a la vez. Según Daniel, "el vino es el resultado de una íntima relación entre las viñas y el viticultor, el trabajo de todo un año expresado en racimos de uvas, no un producto industrial monótono y repetitivo".
El invierno en la Sierra de Gredos (DO Méntrida, DO Vinos de Madrid, Ávila) fue seco y caluroso, y provocó un adelanto en el ciclo vegetativo de una o dos semanas, dependiendo del pueblo, y, en general, de todo el ciclo: en brotación, en floración, en el envero y en la vendimia. La primavera fue bastante buena y lluviosa, y favoreció un buen desarrollo de las plantas, aunque las lluvias en el momento de floración provocaron un pérdida importante de la cosecha (30-40%). El comienzo del verano fue pausado, con un julio de temperaturas moderadas, permitiendo al ciclo ralentizarse y a las uvas ganar acidez.
Volvió el calor a finales de agosto, como corresponde a la época estival, y a pesar de alguna lluvia puntual a primeros de septiembre, la vendimia estuvo marcada por las altas temperaturas y la ausencia de precipitaciones. Fue una vendimia muy sana, sin problemas de enfermedades pero con cierta deshidratación en algunas bayas, lo que exigió una gran labor de selección, tanto en el campo como posteriormente en bodega. Los vinos blancos muestran un buen perfil, con una nariz sutil y elegante, gracias a que a la variedad albillo parece que le sienta bien el calor y las añadas no excesivamente frías, y, en general, los vinos de 2011 tienen algo más de estructura y una tanicidad más presente que los del año anterior. Su buena acidez y unos pH muy bajos les convierte también en vinos con una mayor capacidad de guarda que en otros años; a la vez que precisan de más reposo, de más tiempo.
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